domingo, 28 de agosto de 2011

¿Habéis escuchado el comienzo de la canción Blue Monday?

Te galopa fuego por las venas y a la vez te explota una ventisca en la espalda. 
Bom,bom,bom, notas perfectamente las pulsaciones de tu arrítmico corazón, sientes la presión de tu sangre dentro de tus arterias. Descargas que te recorren el vientre y te hacen sentir un inoportuno placer.

Miras el techo y puedes notar la respiración entrecortada que sale de tu boca, la brisa que se cuela por la ventana de la galería te roza los muslos y estás muriéndote por gritar su nombre y que se enteren todos los vecinos. Destrozándote la piel con el vaivén de tus deseos. Calor insoportable que te hace sudar y te empapa las ideas, quieres estar allí, dejar que sean sus ágiles dedos los que te arranquen el sujetador y te tire al suelo de la habitación del hotel.

Y mientras sigue el galope de tus pulsaciones, como el inicio de la canción de Blue Monday.

jueves, 7 de julio de 2011

La princesa

¿Qué te han hecho princesa, que ya no te veo sonreir? Que vas caminando entre las sedas de tu palacio con la oscuridad en la mirada y la cabeza agachada. ¿Quién te ha desvestido de tus aires de dama bella y buena, de dama alta de noble linde? que tus vestidos ahora parecen harapos, que ni si quiera conservas el apetito, parece que te alimentes solo de recuerdos.

miércoles, 6 de julio de 2011

Nos odio.

Desde hace un tiempo me he aconstumbrado a no preguntar por miedo a la respuesta. A intentar solamente robarte sonrisas en vez de besos. A dar explicaciones de las cosas que hacías y que no las tenían. Me he estado engañando tanto en tanto tiempo que ahora mismo solo puedo sentir mi respiración arrítmica y un vacío que va desde la garganta hasta el pecho. Como si te hubieras llevado un trozo indispensable para poder seguir con vida, como si me hubieras disparado en el medio de los ojos.

Yo que tanto he renegado del amor, que tantas lágrimas he derramado por tí, que tantas noches me he vuelto sola a casa esperando que vinieras detrás y te disculparas por cambiarme por cualquier tia con dos tetas que se te cruzara en el camino. Que he estado siempre, siempre, siempre que me necesitabas, que he dejado parte de mi vida invertida con la tuya, que te he esperado trecientas noches de lluvia y doscientas noches de luna.
Que ya no siento ni estos dedos, ni estos ojos, ni estas lágrimas. Me has dejado sin aliento y esperando en un banco a que alguien viniera a barrer los trozos destruidos de mi vida. Nos odio. Nos odio muchísimo. Nos odio por coserte a mis costuras y por coserte tu a mis esbozos, por decirme quédate conmigo e irte con la que pasaba. Nos odio por quererme de la manera que yo no quiero. Por quererte tanto. Por quererme tan poco.

martes, 28 de junio de 2011

La chica más triste de la ciudad

¿Por qué te(me) haces esto? 
Escuché que los pensamientos están interconectados, que si piensas mucho en una persona es porque esa persona está haciendo lo mismo contigo. Que es como una compra-venta de ideas cruzadas, yo te pienso-tu me piensas. Si esto es así debes ser el chico más triste de la ciudad.

El problema es que no es ÉL

Es un chico sensacional, todo el mundo lo dice. Es atento, me lleva a sitios preciosos, me dice que soy la persona más dulce que conoce...pero no son sus palabras.
Me manda mil canciones bonitas para alegrame las noches de imsonmio luchando con las sábanas, se mete dentro de mi espacio arrancándome una sonrisa, me dice que será un tiempo maravilloso...pero no es su voz.
Que tiene mil días que ofrecerme y cien páginas por escribir juntos, me recita poesías sentados frente al puerto...pero no son las tuyas.
Es todo lo que una chica podría desear en un chico, es sencillamente perfecto....el problema es que no eres tú.

lunes, 27 de junio de 2011

Dos putas palabras

Dime que ni una sola vez has deseado cogerme de la mano, dime que nunca me has mirado sopesando si darme o no el beso, invéntate que ninguna noche que estuviste conmigo te dieron ganas de darte la vuelta y a la mierda con las tonterías. Dime que no quieres que te llame por la noche, ni que te diga lo que te voy a echar de menos si me dejas a un lado y sigues solo tu camino. Dime que no has tenido celos cuando yo los provocaba esperando una reacción. Repróchame que nunca he estado contigo, que jamás contesté a tus invites y que no sabía como hacer que te rieras. Dime que quieres de verdad irte y dejarme aquí sola. Contéstame cuando te pregunto que es lo que estás buscando que parece que no lo encuentras por ningún rincón de la ciudad y te quema por dentro. Júrame que no necesitas sentirme cerca de tu abrazo, que nadie es imprescindible, que yo no soy clara contigo, que me gusta ir a mi aire y pegarte una patada cuando no me interesa tu compañía. Dime que nunca he llorado por tí, que nunca lo has hecho tu por mí, que te importa más su tiempo que el mío, que prefieres sus palabras a las mías.

No entiendo por qué todo es tan complicado, por qué nos empeñamos en hacer complicada la sencillez, no sé por qué no me besas, no creo que pudiera recuperar la vida desperdiciada por seguir al pie del cañón de un soldado que quiere otra tropa. Dime que de verdad no me necesitas a tu lado, pero no me contestes con silencio, porque será peor que escucharte gritar con todas tus fuerzas que no me quieres.

miércoles, 15 de junio de 2011

5.33 am

Esa sensación de no querer moverte por miedo a que algo cambie en el espacio. De intentar no respirar demasiado fuerte para que no se vicie el aire. En cualquier momento podría dar un salto y salirme de la atmósfera, pero llega el miedo inconfesable a que el universo que se me abra ante los ojos me abrume.

Esperando, por otra parte la llegada de lo inevitable, el cambio en el cauce de nuestro presente cómodo, rutinario, de tímido acompañamiento de las soledades individuales de cada uno. Acompasándonos los pasos, haciendo una las respiraciones, eternas las confianzas, leves las caricias furtivas.

Y cuando el día en que uno de los dos diga: "Ya no puede ser así", comprenderlo, no reprocharlo y entender que seguramente todo pudo ser mucho mejor, que quizás tu eras la jodida mujer de su vida, y él el hombre con el que te pelearías por entrar antes al baño por las mañanas.

Sin embargo ahí está, mirándote, impasible, esperando a que tu le digas lo que los dos sabéis, son solo dos palabras, pero se atragantan y no eres capaz de decir más que "espero que seas muy feliz". Y se separan las manos, y se distancian los caminos, se enturbia la vista y notas la presión en el pecho de la pérdida.